Neurodidáctica

Enseñar y aprender con todo el potencial del cerebro

lunes, 14 de noviembre de 2011

LA ENTRADA DE INFORMACIÓN


 LA ENTRADA DE INFORMACIÓN
Desde el medio ambiente que nos rodea, recibimos diversos estímulos sensoriales; La luz visible invade la retina de nuestros ojos, los sonidos hacen vibrar la cóclea de los oídos, los diferentes olores llenan los receptores de la nariz, el tacto se activa con un objeto sobre la piel y el gusto se deleita con cada alimento; También recibimos señales sobre el estado de nuestros órganos. Todos estos estímulos generan impulsos electroquímicos que se transmiten a las cortezas sensoriales correspondientes, produciendo sensaciones y percepciones.
“La sensación es el impacto estimular […] que alcanza los diversos receptores sensoriales. Si las sensaciones carecen de significado, las percepciones lo poseen. Estas últimas tienen un carácter activo, frente al pasivo de las sensaciones.” (Nieto Gil 2011: 147).
Las percepciones se almacenan en la memoria. Cada vez que tenemos una nueva sensación buscamos entre las percepciones guardadas, derivadas de experiencias pasadas, aquellas que se parecen a la nueva sensación  con el fin de darle significado. Según Nieto Gil (2011: 149): “Inconscientemente integramos nuestras percepciones en categorías que hemos aprendido […]. Si la imagen vista coincide con un patrón almacenado en el centro de la memoria… se reconoce el objeto”.
Las sensaciones y percepciones pueden ser de diversas formas dependiendo del órgano sensorial que la capte: sensaciones visuales, auditivas, táctiles (que pueden ser cenestésicas, kinestésicas, térmicas y dolorosas), gustativas, olfativas y propioceptivas (las que no vienen del entorno externo sino de nuestra propia corporalidad). Y son procesados en conjunto por varias áreas corticales ubicadas en el lóbulo frontal y el lóbulo parietal.
Para procesar los estímulos sensoriales, tenemos dos sistemas encargados de conducirlos a diversas estructuras en el cerebro. Una vía rápida y emotiva, dirigida por la amígdala. Y otra lenta y más consciente gobernada por la corteza frontal.
Por el primero, la información procedente de los receptores sensoriales llega al tálamo y desde allí se dirige a la amígdala,  estructura encargada de valorar emotivamente la información. Es una vía rápida con el fin de que toda información relacionada con la supervivencia física, psíquica o social pueda tener una respuesta adecuada en milisegundos. La respuesta más inmediata es focalizar la atención sobre los estímulos potencialmente  desagradables o agradables: en el primer caso, para huir, luchar o esconderse en  el segundo caso, para dirigirse hacia la fuente de los estímulos que promete gratificación. No obstante, la amígdala proyecta sobre la corteza cerebral haciendo consciente la información percibida.
El otro sistema de procesamiento de la información es más lento. La infamación que llega desde los receptores sensoriales también alcanza al tálamo y acto seguido llega a la corteza sensorial y frontal. La corteza frontal controla el movimiento de los receptores sensoriales, dirigiendo, fijando o cambiando atención consciente hacia el primer plano, relacionando esa situación presente con las experiencias previas que se conservan en la memoria. (Nieto gil 2011:156)

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