EL CAMBIO DE LOS MODELOS EDUCATIVOS TRADICIONALES A LOS MODELOS INFLUIDOS POR LAS NEUROCIENCIAS
Durante las últimas dos décadas se ha estado gestando una gran revolución con respecto a la influencia que tiene del cerebro y sus procesos psiconeurofisiológicos en las estrategias de enseñanza y aprendizaje, estamos a las puertas del cambio en la educación actual. Comprender como funciona el cerebro y su preponderancia sobre la formación de los niños, niñas y jóvenes implica cambiar la perspectiva de muchos educadores con respecto a los planteamientos tradicionales[1] de las escuelas, colegios y universidades contemporáneas. Tal como plantea Eric Jensen (2004:11) “Esta revolución cambiará el momento de comenzar a ir a la escuela, las políticas de disciplina, los métodos de evaluación, las estrategias de enseñanza, las prioridades presupuestarias, los entornos de aula, el uso de la tecnología e incluso el modo de pensar acerca de las artes y de la educación física”.
El modelo educativo que imperó durante gran parte de la historia del hombre era bastante sencillo. Si se deseaba aprender acerca de algo, se acudía a una persona que tuviera destrezas o conocimientos de ese tema y se aprendía de ella. Con la Revolución Industrial esto se modifico, surgió un nuevo modelo con la idea de que se podía reunir a todas las personas en un único lugar y ofrecer una educación igual y sistematizada. O como diría Jensen (2004:11) “un modelo tipo Cinta transportadora” [tal y como se construyen los autos en las fabricas] por ello fue denominado el “modelo fábrica” y se hizo popular durante el siglo XIX y parte del siglo XX” se fundamentaba en la instrucción de comportamientos tales como la obediencia, el orden, la unidad y el respeto a la autoridad.
Esto cambió cuando surgieron las teorías conductistas, durante los años 1950 y 1960, influidas por los dogmas de los psicólogos J. Watson y B. F. Skinner. Los cuales afirmaban que no se podía saber lo que ocurre dentro del cerebro, pero ciertamente se podía ver lo que ocurría afuera. Si se miden las conductas y se aprende a modificarlas se pueden reforzar las que se desean y se reprimen a través del castigo las que no.
Durante las últimas décadas del siglo XX empezó a surgir un nuevo paradigma gracias a los avances tecnológicos que se dieron entre los años 1970 y 1990, incursiones en cerebros vivos a través de diferentes técnicas de imagen, tales como la resonancia magnética (IRM) y la tomografía por emisión de positrones (PET) cambiaron la forma en que pensamos, vivimos y aprendemos. Estos dispositivos nos dieron nuevos modos de comprender y ver el interior del cerebro.
El apogeo de los hallazgos neurocientíficos ha revelado asombrosas percepciones sobre el cerebro y el aprendizaje. Ahora conocemos las bases biológicas de la mayoría de las conductas que los estudiantes presentan en el aula. Esto ha provocado interacciones entre el profesorado y los científicos cerebrales, a pesar de que actualmente casi no hay literatura que ligue las ciencias del cerebro con la educación, pues dicha literatura en su mayoría contiene terminología especializada que los docentes no comprenden.
Sin embargo, lo que si podemos empezar a darnos cuenta como maestros, es aquella gran oportunidad que estamos desaprovechando para mejorar el potencial de nuestros estudiantes a través de la comprensión del funcionamiento de cerebro, tal y como lo plantean Blakemore y Frith (2011: 21-22):
El cerebro ha evolucionado para educar y ser educado […] El cerebro es la maquina gracias a la cual se producen todas las formas de aprendizaje […] Naturalmente, el cerebro es también el mecanismo natural que pone límite al aprendizaje. Determina lo que puede ser aprendido, cuánto y con qué rapidez. […] Sólo comprendiendo cómo el cerebro adquiere y conserva información y destrezas seremos capaces de alcanzar los límites de su capacidad para aprender.
Con lo anterior, tal vez, los profesores podríamos ver que muchas de las creencias tradicionales sobre la educación fueron construidas sobre arena y ahora se están desmoronando.
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